Autor Anónimo

¿Por qué algunos odian a los Estados Unidos de Norte América(USA)?  Le ganaron la guerra a los nazis y “no se quedaron” en (con) Alemania. ¿Cómo está Alemania hoy en día? Le ganaron la guerra a los japoneses y “no se quedaron” en (con) Japón. ¿Cómo está Japón hoy en día?

Recuperaron parte de Corea hasta el paralelo 38 y “no se quedaron” con Corea. (Basta comparar el desarrollo, economía, fuentes de trabajo y bienestar social de Corea de Sur hoy en día con el de Corea del Nortepara evaluar quien salió mejor parado).

¿Y ENTONCES?

A veces se vuelve fastidioso que el hobby de toda la humanidad sea hablar mal de los Estados Unidos. No sólo los Chavistas comunistoides de América Latina, sino en general todo el mundo.

En los últimos años en Venezuela se considera socialmente negativo decir algo bueno de los Estados Unidos. Hasta hispanos que tienen en los Estados Unidos más de media vida, no encuentran nada bueno

qué decir de USA, pero ahí siguen, pegados como garrapatas y no regresan a sus países de origen…

Aquí hay tres ejemplos de respuestas ejemplares a dichos comentarios.

1) Cuando en Inglaterra, durante una gran conferencia, el Arzobispo de Canterbury le preguntó a Colin Powell si los planes de USA hacia Irak no eran otra cosa que mas construcción de “el imperio” por parte de George Bush, este le respondió lo siguiente:

- Con el transcurrir de los años, los Estados Unidos han enviado a muchos de sus mejores jóvenes, hombres y mujeres hacia el peligro, para luchar por la causa de la libertad más allá de nuestras fronteras.

Las únicas tierras que hemos pedido a cambio han sido apenas las necesarias para sepultar a aquellos que no regresaron.

Se hizo un gran silencio en el recinto…

2) Durante una conferencia en Francia, en la cual participaba un gran número de ingenieros de diversas nacionalidades, incluyendo franceses y americanos, en el receso, uno de los ingenieros franceses dijo serenamente:

“¿Han escuchado la última estupidez de George Bush? Envió un portaaviones a Indonesia para ayudar a las víctimas del tsunami ¿Qué es lo que pretende hacer, bombardeos?”.

Un ingeniero de Boeing se levantó y respondió serenamente:

-Nuestros portaaviones tienen tres hospitales a bordo, que pueden tratar a varios cientos de personas. Son nucleares, por lo que pueden suministrar electricidad de emergencia a tierra, tienen tres comedores con capacidad para preparar comidas para 3.000 personas tres veces al día, pueden producir varios miles de galones de agua potable a partir de agua del mar, y tienen media docena de helicópteros para transportar víctimas desde y hacia el buque.

Nosotros tenemos once barcos iguales. ¿Cuántos buques así ha mandado Francia?

De nuevo, silencio sepulcral.

3) Un almirante de la Armada de los Estados Unidos estaba en una conferencia naval que incluía almirantes de la Armada americana, canadiense, inglesa, australiana, y francesa. Durante un cóctel se encontró con un grupo de oficiales que incluía representantes de todos esos países.

Todo el mundo conversaba en inglés mientras tomaban sus tragos, pero de repente, un almirante francés comentó que, si bien los europeos aprenden muchos idiomas, los americanos se bastan tan solo con el inglés.

Entonces preguntó: ¿Por qué tenemos que hablar inglés en estas conferencias? ¿Por qué no se habla francés?

El almirante americano, sin dudarlo, respondió: “Tal vez es porque los británicos, los canadienses, los australianos y los americanos nos las ingeniamos para que ustedes no tuvieran que hablar alemán, por el resto de sus vidas”.

¡Se podría haber escuchado la caída de un alfiler…!

¿Saben donde está el secreto de los americanos?

Muy sencillo, hace más de 150 años aprendieron algo que en Latinoamérica pareciera que no hemos ni queremos aprender.

Son sólo diez muy simples premisas:

1.- Usted no puede crear prosperidad desalentando la Iniciativa Propia.

2.- Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.

3.- Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.

4.- Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.

5.- Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.

6.- Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.

7.- Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e

incitando el odio de clases.

8.- Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.

9.- Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su

independencia (libertad) e iniciativa.

10.- Usted no puede ayudar a los hombres realizando por ellos permanentemente lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.

DECÁLOGO DE ABRAHAM LINCOLN

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Hay tres sofismas acerca de los mal llamados ‘falsos positivos’, esos crímenes cometidos por miembros del Ejército para hacerlos pasar como bajas en combate y obtener permisos, felicitaciones y hasta dinero, en connivencia con civiles que cobran recompensas por suministrar información que ayude a combatir los grupos al margen de la ley. El primero es que este tipo de crímenes es nuevo, producto de los afanes de la Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe; el segundo es que se han cometido tantos crímenes de estos que se desbordó el costo de las indemnizaciones previstas en la Ley de Víctimas y, el tercero, es que constituyen crímenes de Estado.

Primero. Ejecuciones extrajudiciales ha habido siempre y en todas partes. A veces, el crimen es producto de un error ‘inocente’ y la ‘solución’ es hacer pasar al occiso como un transgresor de la ley; poner en su mano inerte un arma de fuego es una práctica inveterada en todo el mundo. En otras ocasiones, sin duda, se trata de crímenes aleves cometidos con diversos propósitos como acallar testigos, desviar investigaciones, ofrecer un chivo expiatorio, demostrar eficiencia o hacer ver la seguridad como algo necesario. Todo eso es tan viejo como la guerra y esta es tan vieja como el hombre.

En Colombia ha habido casos paradigmáticos, como la mal llamada ‘limpieza social’, práctica a la que han estado vinculados agentes del Estado. En la Medellín de Pablo Escobar, agentes encubiertos ejecutaban masacres de jóvenes en las comunas más pobres, en retaliación por los asesinatos de policías que ordenaba Escobar y ejecutaban sus sicarios. Recuérdese la masacre de Villatina (9 muertos) en 1992. Por eso no le queda bien al ex presidente César Gaviria criticar los asesinatos de hoy cuando siempre ha ignorado los cometidos bajo su administración.

Segundo. Hay personas malévolas o muy mal informadas que se han ido lanza en ristre contra el Gobierno por haber impedido la aprobación de la Ley de Víctimas, arguyendo que si es costosa ello se debe a la gran cantidad de víctimas fruto de las políticas guerreristas del actual gobierno. Nada más falso. La Ley de Víctimas tiene por objeto indemnizar a familiares de personas asesinadas y/o desaparecidas en los últimos 45 años, cuyo número se estima en más de 200.000. Por el contrario, el periodo más pacífico que ha vivido el país desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, han sido los siete años del Gobierno de Uribe, cuyo alto respaldo popular se basa en logros como este.

Tercero. El ‘crimen de Estado’ es un artificio aplicable a cualquier hecho, como el incendio de una guardería en Hermosillo (México) que dejó cerca de 50 niños muertos. Los ‘falsos positivos’ son crímenes de lesa humanidad pero no son crímenes de Estado porque no fueron ordenados por estamentos superiores ni corresponden a un plan establecido para exterminar a una raza, a un partido político o a los miembros de una religión. De hecho, no hubo selectividad en los asesinados puesto que no tienen en común algo más que la pobreza que los hace carne de cañón para los violentos. Su escogencia fue tan fortuita como desventurada.

A diferencia de los Estados criminales –como los de Hitler y Stalin–, aquí no se justifican estos excesos con argumentos moralistas y ni siquiera con la tesis de que son consecuencias inevitables del conflicto. Fue el Estado, en cabeza del Ministro de Defensa, el que develó lo que estaba pasando y se reconoce claramente que se trató de crímenes verdaderamente deshonrosos.

El señor Philip Alston, Relator Especial de las Naciones Unidas para las Ejecuciones Arbitrarias, ha dicho que estas transgresiones han sido “más o menos sistemáticas” y que no se trata “de unas cuantas manzanas podridas”. Pero es que el señor Alston no ha probado las amargas manzanas colombianas. Las guerrillas, los grupos paramilitares y los poderosos ejércitos de los carteles de las drogas, han sido conformados con muchachos sin ideología alguna y carentes de escrúpulos éticos o morales que, por unas monedas, se unen a cualquier bando y cometen los más horrorosos crímenes. De esos mismos muchachos se nutren los organismos de seguridad del Estado y si los ilegales se atreven a tanto no es inverosímil que muchas balas oficiales se disparen de manera infame, arbitraria y perversa.

Publicado en el periódico El Mundo, el 29 de junio de 2009 (www.elmundo.com).

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En contraste con vecinos, la prensa en Colombia goza de todas las garantías.

La política ya no se hace en la plaza pública, sino en los medios de comunicación. Sacar las ideas a la calle, y las figuras que representan esas ideas, es una odisea peligrosa, un desafío fuera del alcance de Estados débiles. En democracias incipientes, padecer magnicidios como los de Luis Carlos Galán, Luis Donaldo Colosio o Benazir Bhutto es un riesgo latente, pero, además, los medios son más eficientes para llevar el mensaje y llegan a más gente, a toda la gente.

No es, por tanto, una gran sorpresa que gobiernos autoritarios quieran subyugar a los medios para mantener el poder. Lo estamos viendo en Irán, donde a la prensa extranjera se le impide el acceso a las protestas y decenas de sitios de Internet -como Facebook- fueron bloqueados desde antes de las elecciones. Lo vemos en China, donde los computadores se venden con un software preinstalado para modular el acceso a la red. Lo hemos visto en Cuba desde que se instaló el régimen marxista de Castro, que ha sido un azote para periodistas y escritores y al que, paradójicamente, le van a rendir tributo en la próxima Fiesta del Libro de Medellín, financiada con dineros públicos.

Hugo Chávez, alumno aventajado de Castro, ha refinado sus ardides para someter a la prensa y, de paso, a la oposición política, buscando pretextos para amordazar a los medios sin dejar de parecer un demócrata. Primero cerró a Radio Caracas Televisión sin muchas excusas, aprovechando el vencimiento del periodo de la concesión para no renovarla. Pero con Globovisión ha implementado tretas dignas de un gobierno de opereta. El pretexto para irse lanza en ristre contra un medio tan crítico de su gestión fue un temblor de tierra ocurrido el 4 de mayo, a las 4 y 40 de la madrugada. Cuarenta minutos después, ante la falta de información oficial, Globovisión reportó la magnitud del sismo basándose en datos del Instituto de Sismología de Estados Unidos. Ese fue el pecado de ese canal.

Otro aprendiz de brujo como Rafael Correa no se queda atrás. Molesto con las denuncias de Teleamazonas sobre los nexos de gente de su gobierno con las Farc, se ha apegado a los resquicios de la ley para poner los medios contra la pared. Contra Teleamazonas hay una primera multa por emitir imágenes de una corrida de toros en horario familiar, cosa prohibida desde diciembre. Pero a pesar de que esa transmisión -de unos pocos segundos dentro del noticiero- fue en febrero, sólo en mayo se hizo efectiva la sanción de 20 dólares, que aunque parece simbólica no lo es. Una segunda sanción les significaría una suspensión de 90 días, y la demanda está en curso.

Teleamazonas está siendo acusado de transmitir una “noticia basada en supuestos que pudo haber causado conmoción nacional”, dado que emitió, en directo, denuncias de líderes políticos sobre la presencia de material electoral en un centro de votación de Guayaquil el 26 de abril, día de las elecciones generales. Es decir, en Ecuador hay una nueva disposición que prohíbe, en la práctica, el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión; hay un veto a cualquier información que no surja de comunicados de prensa oficiales o de voceros gubernamentales. Eso no es periodismo ni es, ya, democracia.

Podríamos referirnos también a casos similares en la Bolivia de Evo, la Argentina de los Kirchner y hasta en la Italia de ‘il cavalieri’; o de la forma como Chávez sacude a sus contradictores, llámense Vivanco o Vargas Llosa, para amedrentar cualquier opinión libre, pero dejemos así.

En contraste, la prensa colombiana goza de todas las garantías y libertades que otorga un gobierno demócrata, y hasta se aceptan sus excesos y una frecuente falta de decoro. Hay un abismo de distancia entre los atropellos que coartan la democracia en el vecindario y la comprensible irritabilidad de un ser humano -”otra pregunta amigo”-, la diferencia es evidente.

Publicado en el periódico El Tiempo, el 23 de junio de 2009 (www.eltiempo.com).

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En estado de naturaleza parece que viviéramos en Colombia. Y con cinismo, le echamos culpas a los gobernantes de turno como si cada uno pudiera eximirse de su propia cuota de responsabilidad. El  vértigo con el que se suceden los acontecimientos es tal que cada hecho deplorable es sepultado por otro peor, y nos vamos quedando sin tiempo de decantar lo que pasa en este que es el ‘país más feliz del mundo’, acaso porque amanecer vivo es un milagro y sobrevivir otro día ileso es mucha gracia.

Y es que a pesar de que venimos mejorando en nuestro clima de violencia, los acontecimientos de las últimas semanas nos hacen suponer que las cosas están empeorando. Tal vez más grave porque no se trata ya de sucesos relacionados con el conflicto armado sino con la pérdida de valores y la corrupción social.

De acuerdo con las estadísticas del Instituto de Medicina Legal, en el 2008 ocurrieron 26.958 muertes violentas en Colombia. De esas, el 56 por ciento corresponden a homicidios, con un total de 15.251, y un 21 por ciento a muertes en accidentes  de tránsito, con 5.670 víctimas fatales. Eso quiere decir que a diario, hubo 41 casos de homicidio y  15 personas perecieron en las calles y carreteras del país. El porcentaje restante corresponde a otros tipos de accidentes y a casos de suicidio.

En términos generales, es una buena noticia. La tasa de homicidios cayó de 37 a 34 (por cada cien mil habitantes) con respecto a 2007. El descenso en el índice de homicidios ha sido constante desde que se implementó la Seguridad Democrática. No podemos olvidar el tenebroso panorama del que venimos, cuando en las décadas de los ochentas y noventas los homicidios rondaban la cifra de 30.000 anuales. En el año 2002 hubo 28.837 homicidios, para una tasa de 65 por cada cien mil habitantes. Ya en 2004 los logros eran evidentes, bajando el índice a 44 por cada cien mil; un descenso del 33 por ciento, la tasa más baja desde 1985 cuando estaba en 40.

No obstante, es evidente que podrían evitarse muchas muertes controlando factores de riesgo en materia de accidentalidad vial y en el número creciente de homicidios absurdos que estamos padeciendo a diario. El caso de la familia completa que murió en el río Cauca al caer el microbús en el que se desplazaban es un típico caso de exceso de velocidad que cada mes produce una nueva tragedia. La Corte Suprema de Justicia determinó que desde la Semana Santa anterior, las muertes por exceso de velocidad darían cárcel. Eso está bien pero las autoridades deberían hacer un esfuerzo más claro para controlar a los conductores y evitar otros comportamientos arriesgados como el no uso de puentes peatonales.

En cuanto a los homicidios es preciso enfocar la política criminal a reducir la impunidad que se calcula en el 97 por ciento. Entre otras cosas para que después la gente no intente hacer justicia por mano propia. Es inaceptable que en el caso de Johana Macías, la madre que asesinó a su bebé recién nacido en Piedecuesta (Santander), ya se esté sugiriendo la posibilidad de pedir clemencia, alegando ‘depresión post-parto’, e incluso se haya puesto en riesgo su captura con el argumento de que su arresto fue improcedente.

El año anterior, 25 madres asesinaron a uno o a varios hijos, lo propio hicieron 6 padres. Cada tres días, una persona es asesinada por su pareja. Los casos de violencia intrafamiliar, en 2008, de manera contraria al índice de homicidios, subieron de 77.745 a 89.803. Se está volviendo un virus el tema de los menores abusados sexualmente por sus propios parientes, los bebés botados a su suerte en cualquier parte y los bandidos adolescentes, entre otros problemas. Y en todo eso asoma un factor común: de un lado se carece de acciones preventivas y, del otro, no hay sanciones.

Rousseau decía que el estado de naturaleza es un estado original de pureza, degenerado por un proceso de civilización que origina vicios, conflictos, pasiones y desigualdad. Hobbes, en cambio, sostiene que el ser humano es egoísta y malo por naturaleza, y arguye que es necesario pasar del estado de naturaleza al Estado de sociedad mediante el imperio de la ley. Pero aquí la impunidad es norma y los jueces ponen a los delincuentes en la calle sin  ninguna explicación. Así no vamos a ningún lado.

Publicado en el periódico El Mundo, el 22 de junio de 2009 (www.elmundo.com).

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No cabe duda de que están sucediendo cosas muy graves. Mientras que el Fiscal General, Mario Iguarán, admite que hay suficiente acervo probatorio para que la Corte Suprema de Justicia llame a juicio por farcpolítica a Wilson Borja, el alto tribunal sigue ignorando olímpicamente el contenido de los computadores de ‘Raúl Reyes’ y, en cambio, se apresura a citar a 86 representantes a la Cámara por haber votado el referendo reeleccionista.

Esta semana, el presidente de esa Corte, Augusto Ibáñez, calificó como “cortinas de humo” las denuncias de la UIAF sobre las relaciones entre algunos altos magistrados y personajes cercanos al narcotráfico, y aseguró que la CSJ seguirá haciendo su trabajo, refiriéndose sólo a la parapolítica sin hacer la menor alusión al caso de los políticos cercanos a las Farc. Distinción que intentó subsanar el Procurador General, Alejandro Ordoñez, abriendo investigación contra parlamentarios amigos de las Farc que deberían estar en la cárcel si primara, en la Corte Suprema, el mismo rasero que ha usado contra decenas de congresistas sin tener pruebas contundentes de sus supuestas relaciones con las autodefensas.

Pero el nuevo episodio es más grave porque con su decisión, la Corte Suprema pretende dar un golpe de Estado no sólo legislando –cosa que no le corresponde– sino asumiendo un poder de facto casi extorsivo sobre los parlamentarios, y asumiendo la potestad de decidir, en contravía del Constituyente primario, sobre la continuidad o no de un funcionario que, a diferencia de los integrantes de la Corte, ha sido elegido por votación popular en dos ocasiones y de forma masiva.

Por eso no es exagerado decir que este tribunal está haciendo política. La investigación por prevaricato que abrió contra 86 parlamentarios que votaron por el referendo no tiene sustento legal porque ellos no estaban obligados a esperar el concepto del Consejo Nacional Electoral sobre la financiación de la campaña de recolección de firmas. De manera que no es más que una leguleyada para entorpecer y demorar el trámite del mismo, y acaso enterrarlo definitivamente por el temor que tienen los parlamentarios de actuar favorablemente en la conciliación requerida entre Senado y Cámara para unificar el texto.

Con el antecedente de una Corte que encarcela sin la menor prueba a cualquiera que tenga cercanía con el Gobierno, será muy difícil que el Congreso concilie la reelección para el 2010 e, incluso, que lo haga para el 2014; no sería de extrañar que terminen hundiendo la iniciativa. Un representante a la Cámara dijo que temía perder su investidura de más de diez años en el Congreso, y que el Gobierno no le iba a responder por ese perjuicio. Será muy difícil que unos políticos de profesión metan las manos en el fuego por un Uribe maniatado que no puede recurrir a la vieja práctica de otorgar participación política después de que ese fue el motivo de escándalo de su primera reelección.

Lo que ha hecho la Corte Suprema ha dado pie para muchas cosas. Por un lado, se pone en juego la inviolabilidad del voto parlamentario, puesto que la Corte los está poniendo entre los palos simple y llanamente por haber votado una ley –incluso negativamente–, lo cual es su trabajo. De ahí que se ventile la idea de resucitar la inmunidad parlamentaria, beneficio que en el pasado se suprimió para evitar que verdaderos delincuentes se sirvieran de su poder para acceder a una curul en el Congreso en busca de ese fuero que los blindaba ante la ley, como hiciera el mismísimo Pablo Escobar. Habría que entender, por supuesto, que esta prerrogativa sólo debería cubrir las actuaciones relacionadas estrictamente con el ejercicio parlamentario, como en este caso, y pare de contar.

De otro lado, como una serpiente que se muerde la cola, resulta que varios de los 86 parlamentarios investigados pertenecen a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, único ente que puede acusar e investigar a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, aunque no puede imponerles ningún tipo de sanción. ¿Cómo va a investigar un parlamentario a altos magistrados que lo pueden poner en prisión con sólo tronar los dedos? La Corte no tiene quien la ronde y se siente soberana y omnipotente para tomar decisiones que no le competen. De ahí la necesidad de una reforma que le ponga cortapisas.

Ah, y como si fuera poco, todo esto ha generado ruido de Asamblea Constitucional, esa caja de Pandora…

Publicado en el periódico El Mundo, el 15 de junio de 2009 (www.elmundo.com).

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